Estudiar Música en Tiempo de Pandemia – COVID-19

Decenas de estudios confirman que aprender y escuchar música combate la ansiedad y el estrés y distrae a las personas del pesimismo, mientras provoca pensamientos placenteros.

Las asignaturas de ciencia y tecnología actualmente gozan de cierta supremacía sobre las artes en términos del desarrollo neo-liberal del mundo. El reciente estallido del COVID-19 y las consecuencias de las medidas preventivas han traído la educación musical a un primer plano.

La música juega un papel esencial en estos tiempos difíciles, pues ayuda a liberar la ansiedad y el estrés y reduce las posibilidades de caer en depresión. Los padres deberían aplaudir a los profesores de música que siguen realizando su trabajo mediante la enseñanza a distancia en lugar de criticarlos por sobrecargar a sus hijos con tareas “innecesarias”.

Este ensayo apunta a presentar la influencia de la música sobre los alumnos y a explicar por qué los profesores de música deberían ser percibidos como líderes que ayudan a los alumnos a ser resilientes. Pese a la falta de reconocimiento, todos los niños necesitan recibir una educación musical adecuada en la época de la COVID-19, pues ello también ayuda a lidiar con el resto de las clases.

En general, la música es un modo de expresión que vincula a quienes la crean con quienes la escuchan, gracias a una conexión espiritual. Desde hace mucho se piensa que la música induce emociones y convoca sentimientos que experimentamos en el pasado (Colling & Thompson, 2013).

De acuerdo con las investigaciones de Scherer y Coutinho (2013), la música es capaz de evocar varios estados afectivos en conjuntos utilitarios, estéticos y epistémicos de emociones. Los autores también destacaron las rutas psicobiológicas que involucran a distintos subsistemas del sistema nervioso central (p. 122). Las características de la música, la manera de ejecutarla y el estado del receptor (el oyente) son elementos esenciales a considerar. Al abordar rutas tales como la apreciación, la asociación de la memoria y el entretenimiento, los profesores de música aplican distintos géneros y canciones para fomentar la regulación emocional de sus alumnos, su mejora cognitiva y su reanudación de la actividad física.

Por otra parte, hay más estudios fundados en datos empíricos que prueban la influencia de la música en el estado mental del receptor. Colling y Thompson (2013) presentaron un marco teórico de dimensiones visuales, corporales y acústicas de la interconexión musical que conduce a un conjunto de efectos sociales y psicológicos. Su argumento es que los compositores pueden controlar el estímulo de la experiencia emocional del receptor administrando la manera de alcanzar sus metas y el nivel de sincronización. Además, las terminales nerviosas en distintas partes del cerebro son responsables de decodificar e interpretar las distintas propiedades de la música, desde el tono y la melodía hasta el ritmo y su contenido emocional (Lozada-Laracuente, 2020).

Ello significa que la música tiene el potencial de mejorar no solo las condiciones espirituales del individuo sino también su salud. Otros estudios sobre terapia musical revelan que sirve de ayuda a personas mayores con demencia o depresión y a pacientes con otras enfermedades serias a lidiar con la ansiedad y los comportamientos disruptivos (p. 3).

La música puede hacer que personas de todas las edades se sientan felices, energizadas y alertas. Por lo tanto, ejerce un efecto poderoso que no solo es físico, sino también emocional, y ayuda a los receptores a enfocarse en el aquí y el ahora, y a sentir su espíritu. En otras palabras, a sentirse animados.

Si tomamos en cuenta esta información parece claro que, en manos de educadores profesionales, la música puede transformarse en una herramienta poderosa que devuelve la alegría y proporciona estabilidad aún durante la pandemia del COVID-19.

Según Pitts (2017), la educación musical mejora el bienestar psicológico, el compromiso con la escuela, el lenguaje y la alfabetización, la empatía, la creatividad y muchas otras cualidades de los alumnos.

Pese al papel “complementario” que actualmente le asignan los gobiernos, los cursos musicales deberían verse reforzados por el liderazgo de los educadores para fomentar una relación duradera con la música por parte de los alumnos, lo que les permitirá vivir vidas creativas y gratificantes.

La pandemia pone en relieve la importancia de las actividades musicales y su influencia en el estado emocional de las personas. El distanciamiento social y la cuarentena requieren el aislamiento y el cierre de todas las instituciones educativas y lugares de ocio. La mayoría de los alumnos de secundaria expresan su decepción por la cancelación o aplazamiento de eventos artísticos y musicales (Edgar, 2020). Muchos de ellos dicen estar perdiendo de forma gradual su motivación por mejorar sus habilidades y estudiar, en tanto se encuentran expuestos al aburrimiento y la ansiedad.

La tarea principal de los educadores de este gran arte en la actualidad, es usar el poder de la música para nutrir a sus alumnos emocional y socialmente. Las prácticas de coro y orquesta son imposibles de replicar en línea por razones técnicas, pero los profesores pueden establecer un espacio de comunicación único usando herramientas en línea. Dicho espacio permite a los alumnos expresar su ansiedad y recibir consejos de sus profesores.

Debería implementarse el aprendizaje social y emocional para alentar a los alumnos a mejorar su capacidad de autocontrol y su autopercepción (Edgar, Morrison, & Morrison, 2020).

Las instrucciones remotas también requieren una reflexión individual sobre los logros y desafíos. Por otra parte, con la ayuda de un tipo de aprendizaje musical asincrónico, los educadores pueden alentar a sus alumnos a completar tareas prácticas pero directas, como hacer presentaciones sobre un tema dado o grabarse en video realizando ejercicios vocales y musicales.

Otro problema actual que los profesores de música podrían abordar con éxito es el hecho de que los niños están perdiendo relación con sus círculos sociales, sus compañeros, sus mentores y sus rutinas. Las lecciones de música en línea y algunas tareas que alientan el trabajo colaborativo en grupo pueden mitigar los efectos adversos del aislamiento a largo plazo. La música mejora el ánimo de los alumnos, mientras que las tareas en grupo ayudan a los alumnos a mantener la relación con sus compañeros. En general, la música tiene el poder de construir puentes no solo entre compañeros en escuelas o universidades, sino también por todo el mundo (Lee et al., 2020).

Por otro lado, si bien los eventos de música en vivo han sido cancelados, las redes sociales han sido testigos de un aumento sin precedentes de su contenido musical. Muchos músicos renombrados de distintos géneros, como Andrea Bocelli, John Legend, Marc Anthony, Miley Cyrus, Tommy Torres, Wilkins, Yo-Yo Ma, e incluso DJs como Diplo, entre otros, deleitaron a sus fans con streamings de actuaciones musicales en vivo en las redes sociales en sustitución de las actuaciones tradicionales. En Italia la gente se volcó en la música como símbolo de esperanza y armonía, y cantaban canciones nacionales en sus balcones. Así también, muchos músicos instrumentistas en Puerto Rico han realizado presentaciones virtuales. Estos ejemplos señalan la importancia de la música tras la irrupción del coronavirus. La pandemia pareciera servir de catalizador de una propagación cultural que podría aumentar la difusión de distintas culturas por todo el mundo.

Se pensaba que compartir música en línea creaba una cultura monolítica basada en el consumismo americano y eliminaba micro-culturas más aisladas (Lee et al., 2020). Sin embargo, este aumento en la publicación de música en plataformas en línea demuestra que el resultado a largo plazo podría ser el opuesto, al hacer que culturas musicales minoritarias lleguen a audiencias geográficamente dispersas.

Asimismo, la música es una de las maneras de ayudar a movilizar el capital social, que resulta esencial para una sociedad saludable. Camlin (2020) usa el término “musicking” o ‘musiqueando’ para referirse a una actividad simultáneamente social y musical, lo que la capacita para estrechar los lazos entre las personas implicadas. El “momento” musical suele estar acompañado de activaciones neuro-hormonales y una neurobiología interpersonal provocada por el entretenimiento musical. Este tipo de interacciones hace que la gente se sienta feliz de estar socialmente conectados.

La música refuerza los lazos sociales mediante la cooperación y el contacto entre individuos, con ayuda de la empatía, la cohesión o un sentido de pertenencia social, y al aumentar la secreción de oxitocina, la hormona de la felicidad.

Para concluir, la pandemia del COVID-19 resaltó la importancia de la educación musical para tratar con sus efectos negativos, como la ansiedad y el estrés. La música tiene la capacidad de distraer a las personas de sus pensamientos negativos y de provocar pensamientos placenteros.

El poder de la música también permite a los educadores tratar los problemas sociales a los que se enfrentan sus alumnos con ayuda de un enfoque de enseñanza asimétrica. La música une a los niños y los ayuda a estar socialmente conectados con otros. Pese a la imposibilidad de ensayar y dar conciertos, los profesores de música siguen jugando un papel esencial a la hora de llevar positividad y alegría a sus alumnos. En efecto, confiamos en la capacidad de la música para crear cohesión social y promover el bienestar y la resiliencia durante esta pandemia.

Por Dr. Juan Carlos Vega-Martínez
(Profesor de Música)
Fuente: Por ELNUEVODIA.COM